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Muy buenas, y bienvenidos al primer podcast de profedeespañol.com. Hoy os voy a contar la historia del stripper que nunca se quitó la ropa y se convirtió en profe de español. Y por qué llevo tres años sin pasar más de seis meses seguidos en el mismo piso. Yo estaba en segundo de magisterio en la Facultad de Educación y no estaba muy contento con la carrera. Pensaba que no me gustaba la educación, cuando en realidad lo que no me gustaba era dar clase a niños, pero eso lo descubrí un poco más adelante.

Como cualquier joven hormonado de 20 años, yo estaba deseando irme de Erasmus y pensé: “¿adónde mejor que a Finlandia? Allí la educación es la hostia y seguro que me enamoro de la carrera otra vez”. Solo había un problema: Finlandia es un sitio muy caro y yo soy pobre. Entonces pensé: “¿cómo hago para quedarme allí? ¿Qué se me da bien? ¿Y si tengo que vender mi cuerpo?” Y, entre broma y broma, y como estaba de moda Magic Mike en aquel entonces, mis amigos me dijeron: “Pero, hombre, te puedes  hacer striper, si tienes toda la pinta.

Y ya, pues, con la risa, yo me estaba imaginando a mí mismo y a mi alter ego más travieso haciendo twerk sobre el hielo. En fin, un cuadro. En cualquier caso, la Universidad de Finlandia canceló ese Erasmus y yo tuve que esperar un año más antes de irme, pero me fui a un nuevo destino: a Brno, República Checa, y allí fui a hacer la especialidad de inglés.

Por fin me fueron bien las cosas. Me mudé y compartí piso con un francés, el cual sigue siendo mi amigo. Adoro a ese hombre. Allí, la universidad era otro rollo. La verdad es que poder elegir las asignaturas fue una ventaja tremenda en comparación con cómo funcionaba mi facultad en Zaragoza. Me cogí cantar en inglés, un campamento que hice dos veces y una clase que creo que era de enseñar inglés mediante el arte dramático y el teatro: una pasada. Aprendí un montón y me lo pasé muy bien y sin quitarme la ropa por dinero.

El día que empezamos las prácticas elegí hacerlas de español en vez de inglés. Fue una decisión un tanto improvisada, pero me vino genial porque mi tutora, además de trabajar en un colegio, trabajaba en un instituto y, como yo la seguía a todas partes… El día que descubrí lo que era dar clase a gente mayor de 12 años vi el mundo. Ahí, colgué el tanga y decidí dedicarme a la enseñanza de español.

Además de dar muchas clases, viajé muchísimo por Europa y me pateé toda la zona. Todos los países limítrofes de República Checa los pisé, y mucho. Gracias a Flixbus y Ryanair por hacer que esos viajes me costaran cuatro perras.

También pasé un frío brutal. Un día hizo menos 17 grados, o sea, imagínate sacar la botella de agua a la ventana y meterla pa dentro llena de hielo. En fin, eso no lo voy a echar nunca de menos.

Poco después me eché novia y terminé la carrera. Como en España no tenía absolutamente ninguna perspectiva de trabajo a corto plazo, decidí quedarme en República Checa y hacer el máster de Español porque yo veía que, aunque me gustaba lo que hacía, necesitaban más formación.

Entonces, busqué un trabajo a tiempo completo y me puse a dar clase de inglés español en una academia a las empresas locales. Ahí fue cuando descubrí la enseñanza para adultos y ya lo tuve claro: de ahí no me movía ni Dios.

¿Qué ocurre? Que estudiar y trabajar a tiempo completo no es demasiado bueno para el estrés; entonces, lo dejo con mi novia. Y aquí es donde empiezan mis mudanzas frenéticas. Mi tercera mudanza llega a la vez que el COVID a República Checa. Pasan cuatro meses y el casero me pide a mí y a mi compañero que nos mudemos. Obviamente, me mudo a otro sitio, pero yo solo. Y ahí llegué a parar al peor piso que he visto en mi vida. Los caseros eran unos mafiosos y unos estafadores, reconocidos. No podía hacer nada, me tenían así agarrao. Todo lo que se podía romper en ese piso se rompía: un desastre. Entonces, a los cuatro meses me mudé otra vez: quinta mudanza.

Termino el máster, me centro en la enseñanza de la pronunciación y me doy cuenta de que después de año y medio de pandemia, todas mis clases son online. Entonces, no tiene sentido seguir en República Checa ni en ningún sitio, porque no me hace falta pagar alquiler ni me hace falta vivir en la misma ciudad siempre. Entonces, me convierto en ciudadano del mundo, pero me mudo otra vez a mi ciudad (sexta mudanza).

Ahora empieza mi etapa de emprendedor. Decido empezar profedeespañol.com y toca reducir gastos, así que me mudo a mi casa con mis padres: séptima mudanza.

Espero que la próxima vez que me mude no sea ni de lejos la definitiva. Y también, que todos mis alumnos, los que han conocido mis siete casas y los que sólo han visto una, me acompañen virtualmente en este viaje y en los que me quedan. Un abrazo y hasta el próximo podcast.

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